| El invierno que se despidió el pasado sábado ha dejado nueve muertos en los Pirineos a causa de los aludes. El más reciente se produjo el pasado jueves cerca de Candanchú, en el que fallecía un montañero madrileño.
Este ha sido un invierno con muchas avalanchas, debido sobre todo a la abundancia de precipitaciones de nieve -ha sido uno de los tres inviernos con más precipitaciones desde 1947-, pero también por el factor humano. Y es que cada vez sube más gente a la montaña, muchos sin la experiencia suficiente para afrontar situaciones de riesgo, o sin la compañía de montañeros más experimentados que sepan prevenirlas.
Los montañeros y esquiadores tienen que tener en cuenta las alertas por riesgo de aludes, muchas veces ignoradas o subestimadas. Un buen montañero sabe que no se puede salir con un riesgo de 3 a 5. Además, los esquiadores tienen que tener presente que los fuera de pista son muy arriesgados en estas condiciones. Puede que tener gente e infraestructuras a tú alrededor te de la confianza o la seguridad necesaria para aventurarte fuera de pista, pero eso no implica que puedas ser rescatado a tiempo en caso de producirse un alud. Este es un riesgo que hay que tener siempre en cuenta.
La nieve es muy traicionera. Evoluciona, no permanece quieta. No hay una fórmula matemática que explique las razones de por qué hay más o menos aludes, ni que te indique si hay una zona más o menos segura. Es un conjunto, una secuencia de aspectos: cuánto, cuándo y dónde ha caído la nieve, la transformación que va sufriendo... La nieve acumulada va ganando peso conforme pasa el tiempo.
Y es que la densidad es uno de los factores que marcan el tipo de aludes y sus consecuencias. Frente a los 80-100 kilos que puede pesar un metro cúbico de nieve de tipo polvo y caída recientemente, que puede permitir sobrevivir con más facilidad en caso de alcance, la que lleva más tiempo puede llegar a la primavera pesando hasta 500 kilos por metro cúbico, al perder aire y ganar humedad.
Éste es el tipo de nieve que tenemos ahora, en marzo y abril, que es más inestable por el calor y la lluvia. La nieve primavera es peligrosa, así que precaución en este final de temporada para poder disfrutar otra temporada de la montaña.

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