| Hace unos días leíamos una noticia relacionada con un accidente ocurrido en la estación italiana de Sestriere Spa, publicada en el periódico CronicaQui.
En ella se informa sobre la sentencia dictada por un juez por la muerte de un trabajador de la estación al chocar contra un árbol, en un día de poca visibilidad por culpa de la niebla, cuando descendía de su puesto de trabajo.
El magistrado que llevó el caso estimó que la pista debía estar convenientemente señalizada para poder ser vista en cualquier situación, como pasa en una autopista, y dos años después del trágico accidente el tribunal condena a Roberto Termini, director de Sestriere Spa en aquel momento, a dos meses y veinte días de prisión.
Ni que decir tiene que la seguridad de cualquier trabajador es lo primero que se tiene que velar en cualquier puesto de trabajo. En el caso de las estaciones de esquí, cualquier obstáculo en pista debe estar convenientemente balizado. Si la pista en la que tuvo lugar el accidente atraviesa una zona arbolada y en esta no recoge una señalización adecuada, por supuesto que la ley tiene que ser dura en materia de seguridad.
Otra cosa es el exceso de confianza. El trabajador de Sestriere, a buen seguro, pasaba por ese lugar cada día, pero, como suele pasar en la mayoría de accidentes, la confianza y el nivel experto del esquiador suele pasar factura, y es probable que el exceso de velocidad o la no adecuación de la velocidad a las condiciones meteorológicas haya tenido gran parte de la culpa.
Estos trágicos accidentes sacan a la palestra los viejos temas de imponer límites de velocidad y señalizaciones restrictivas en pista. Es frecuente ver choques de esquiadores que pierden el control por bajar ‘como balas’ al encontrarse con otros esquiadores más lentos, gente que se ha caído y está en el suelo, contra novatos que se cruzan…
Es muy difícil imponer unas normas restrictivas a un grupo tan heterogéneo de esquiadores, y más cuando se arguye la idea de que la montaña es libre. Sin embargo es primordial esquiar con sentido común, limitando la velocidad a las condiciones de las pistas y el tiempo, tendiendo en cuenta nuestro nivel y, siempre, respetando a los demás.
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